Los ingresos de los argentinos entran en un umbral de incertidumbre. 2011 ha terminado con una inflación que, según las mediciones de las consultoras privadas -avaladas por los integrantes de la oposición en el Congreso- ha rozado el 23% anual. La percepción de la población, no obstante, ha sido otra. Diciembre suele caracterizarse como un mes de gastos desmedidos, sea por las fiestas o por las vacaciones. De todas maneras, el Indec puede volver a sorprender mañana con su Índice de Precios al Consumidor (IPC), que puede estar por debajo del 0,9% para el último mes de 2011 y del 10% para todo el ciclo.

En Tucumán, la medición de la inflación dejó de ser una expresión de deseo para convertirse en un recuerdo, bien guardado en el cofre de la Casa de Gobierno. El último informe disponible es del 24 de abril de 2008, cuando el Índice de Precios al Consumidor del Gran Tucumán-Tafí Viejo fue calculado en un 2%. Desde entonces, no hay antecedentes (al menos públicos) de un indicador tan importante que permite conocer el pulso de la economía provincial. El gobernador José Alperovich prometió una y otra vez elaborarlo, pero...la respuesta salta por sí misma. Por conveniencia, el centralismo inflacionario volvió a imponerse en los cálculos oficiales. La inflación del Gran Buenos Aires vale para todo el país. Eso es ley y tal parece que lo seguirá siendo, porque la Provincia no prevé difundir datos propios. El Presupuesto 2012 así lo refleja, ya que toma en cuenta el cálculo del Indec.

Mientras la polémica mensual persiste, 2012 ha recibido a los argentinos con esa necesidad de ajustar todo tipo de gastos. El Gobierno (nacional y provincial) vuelve a tomar nota de que hasta marzo no habrá grandes erogaciones. La Nación cierra la canilla financiera en el período estival y las provincias no avanzan con la obra pública. Lo malo de esta conducta -propia del kirchnerismo- es que eso se transforma luego en costumbre y, así, los gobiernos subnacionales deben apelar al fondo soja o a recursos propios para poder terminar tal o cual trabajo público, sin caer en incumplimientos de pago de los certificados de obra. Tan complicado como lo otro suele ser la redeterminación de precios que -en muchos casos- supera las pautas inflacionarias oficiales.

Un reciente informe de la Fundación Mercado muestra un escenario que pone una luz de alerta a la economía, versión 2012: la necesidad de que las familias argentinas vuelvan al ahorro al no saber cuánto pueden llegar a mejorar sus ingresos. La entidad refleja que el consumo ha tocado su techo y que, frente a la incertidumbre acerca de los ingresos reales y la evolución inflacionaria, el escenario proyectado no es más que una retracción en la demanda de productos.

No en vano, el indicador de la Fundación Mercado muestra que el índice de expectativa de ahorro de las familias tucumanas es el más alto del país, con un 46,9%, mientras que el promedio nacional es casi 10 puntos inferior a eso. Los aumentos de precios previstos por el Gobierno no son superiores al 20%, y a la carrera entre la inflación y los aumentos de salarios, el Ejecutivo provincial le ha puesto valla a los ingresos de los asalariados. Más allá del reajuste de precios, mantener los impuestos resultará más oneroso que de costumbre, hasta un 37% de reajuste.

Tal vez sea válido el argumento oficial de actualizar los valores, pero no era la forma de hacerlo, con fuertes incrementos que golpean el bolsillo. Peor aún el esquema de tarifas de servicios que, más temprano que tarde, significará aumento para todos. Así se hace más difícil vivir en una provincia que ostenta el triste privilegio de ser la antepenúltima posicionada en el nivel de ingresos de los asalariados argentinos.